En facebook

lunes, 28 de abril de 2008

En el Oh! Menaje

Pink Floyd, desde que comencé a escuchar música por mi propia cuenta, fue el grupo más admirado frente a muchos otros que escuché desde que era niño. Floyd se levantaba por encima regalandome siempre melodías diferentes. Comenzando por un The Wall que escuché hasta el cansancio hasta dar los siguientes pasos hacia álbumes como el Momentary Lapse of Reason, el Dark Side of the moon y el Final Cut (que encontré luego opacado por el The wall).
Así de a poco, buscando traducciones de las letras en Internet, o haciéndolas yo mismo con la ayuda de un programa de computadora, incluso llegué a aprender algo de inglés. Avancé junto a otros compañeros fanáticos de la banda, de disco en disco, de letra en letra, de concierto en concierto de documental en documental hasta formarnos una postura ante la música.
Hace unos días atrás, se nos ofreció en Sucre, un espectáculo digno de ser mencionado.
Se hizo el Oh! Menaje a Pink Floyd que comenzó con un acercamiento al Pulse, pasando por un Dark Side of the Moon para finalizar en un popurrí.
El espectáculo no terminó de convencer a una gran parte del público debido, ante todo, a errores absolutamente atribuibles al sonido.
La banda hizo un gran trabajo donde queda destacar, ante todo, al baterista (al que le faltó claramente un cencerro para la canción del álbum Animals) pero que mostró una gran capacidad. Así mismo al trío de muchachas que integraban el coro sin el cual realmente el espectáculo hubiera sido otra de las mil farsas mal armadas que intentaron homenajear a tan espectacular banda.
No es que quiera desmerecer el trabajo de los demás músicos, pero debo aceptar que tal vez (y podría ser una forma de ver muy personal) hacer un homenaje a una banda tan descomunal, implica cierto compromiso mayor en el trabajo de vocalistas y guitarristas que en ocasiones no pudieron encontrar los efectos exactos o agarrar de forma limpia los tiempos.
Sin embargo, ahí estábamos todos los fanáticos coreando sobre un sonido que se parecía más al de una peña que al de un concierto en el Teatro al Aire Libre.
Pink Floyd es de las pocas bandas que puede jactarse de sacar casi el mismo sonido en un concierto en vivo que en un estudio así que esa tal vez sea la mayor dificultad que enfrenta un grupo que desee interpretar su música.
Bien, el sonido bajo y desequilibrado, la falla final en el sistema de luces y muchos otros contratiempos como la impuntualidad excesiva (hasta la hora boliviana tiene un límite) empañaron un espectáculo que pudo causar sin duda, una mas grande impresión en el público Sucrense. Esperemos que la próxima visita de la banda nos regale un espectáculo más preparado que busque mejorarnos este saborcito a poco... o a fallado.

2 comentarios:

Fantômas dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Anónimo dijo...

Los homenajes siempre apestaron, se puede rescatar solo uno que practicamente fue el primero, NATIVITY IN BLACK, hacer un homenaje a Pink Floyd no solo incluye requerimientos tecnicos, sino reconocer el esfuerzo de un loco, y aceptar que el mensaje es demasiado para un fan, como la lectura comprensiva de "The farm" obra de Orwell traducida en el The Animals.
O simplemente aceptar que el The Wall fui el hit Popero de ellos, que nada tenia que ver con la vanguardia que se habia dado cita en Londres entres 1966 y 1967, es decir, tenemos que tener una lectura comprensiva de lo que es Pink Floyd.
No solo para con la tecnica, si no con la cencepcion de la obra misma, lo mismo que un homenaje a Breton por ninos de primer grado o a Dali por aficionados, no solo por la tecnica sino porq no comprenden el movimiento, y la obra de Floyd en sus momento (1966-1967) fue vanguardia, luego vino todo lo demas.
Y si no me creen preguntenle a lennon.

yops